¿Pueden los 50 ser los nuevos 30?

¿Pueden los 50 ser los nuevos 30?

¿Puede una persona normal recuperar, a los 50 años, una forma física extraordinaria sin obsesionarse ni destrozarse en el intento? ¿Qué puede pasar por el camino? ¿Qué tan difícil puede llegar a ser?

Todo esto me rondaba la cabeza este verano, a mis 47 años, mientras me miraba al espejo y tenía una conversación honesta conmigo mismo. Si así estoy ahora, pensé, no quiero ni imaginar cómo llegaré a los 50.

Y sí, voy al gimnasio de vez en cuando. Salgo a correr. Pero eso que funcionaba a los 20, y quizá a los 30, ya no funciona igual. ¿Cómo lo sé? La lista de pruebas no deja lugar a dudas:

  • Sobrepeso y una barriga que no para de crecer.
  • Rigidez, falta de movilidad, problemas posturales.
  • Escasa masa muscular, poca fuerza.
  • Falta de energía, problemas de concentración.
  • Dificultad para conciliar el sueño.
  • Problemas de recuperación después de la actividad física.

No es solo que esté envejeciendo. Es que lo estoy haciendo a todo gas.

Pero una cosa es hacerse mayor, y otra muy distinta es envejecer. La primera es lineal e inevitable. La segunda se puede ralentizar, optimizar, e incluso, como pretendo demostrar ahora, revertir.

La prueba de que sí es posible

Hay personas que llevan esta idea al extremo, y sus historias son la mejor evidencia de que el reloj biológico no es una sentencia fija.

Carlos Soria tiene 86 años y este otoño se convirtió en la persona de mayor edad en la historia en coronar una montaña de más de 8.000 metros: el Manaslu, en el Himalaya, exactamente 50 años después de participar en la primera expedición española que alcanzó esa misma cima. Con una prótesis de rodilla y las secuelas de fracturas previas, completó una jornada de doce horas de ascensión nocturna, un esfuerzo que él mismo describió como “más duro de lo que pensaba”, admitiendo que “olvidó que tenía 86 años”.

Con esta gesta, Soria ya suma diez ochomiles coronados después de cumplir los 60 años, incluyendo el K2 a los 65, el Kangchenjunga a los 75 y el Annapurna a los 77. Nunca buscó el récord, solo “disfrutar de la montaña”.

Erri de Luca, el escritor italiano, sigue practicando escalada en solitario y sin cuerda a los 74 años, incluyendo paredes de 200 metros, un ejemplo de que la disciplina física puede sostenerse muy por encima de lo que consideramos “edad de retirada”.

Son personas que cultivaron buenos hábitos durante buena parte de su vida. Pero lo verdaderamente revelador es que nunca es tarde para empezar de cero.

Juan López empezó a correr a los 66 años. Quince años después, con más de 80, corre el maratón en 3 horas y 39 minutos, es campeón de Europa M80, y completa los 50 km en 4 horas y 47 minutos, récord del mundo en su categoría.

Pepa Sánchez empezó a correr a los 60 años. A los 71 se proclamó campeona de Europa F70 en 800 metros, y hoy, con 76, es tricampeona de España F70 en pista cubierta en 200, 400 y 800 metros. Los domingos, además, se recorre 80 o 90 km en bicicleta.

Y no puede faltar Loles Vives, leyenda viva del atletismo español: en 1979 fue la primera mujer en bajar de 12 segundos en los 100 metros. Hoy, a los 65 años, sigue corriendo esa misma distancia en 14,60 segundos y fue campeona del mundo W65 en salto de longitud con 4,09 metros, con 66 años recién cumplidos.

De la inspiración a la acción

Espero haberte convencido de algo que yo mismo ya he asumido: Una cosa es hacerse mayor y otra envejecer, y pueden llevar ritmos bien distintos. O al menos, eso creo.

Para no quedarme solo en la teoría, he hecho lo que mejor funciona: buscarme un reto. Exigente, pero alcanzable. Lo he llamado Road to Glasgow 2028, y a partir de hoy, lo vas a poder vivir conmigo para que tú también puedas encontrar la motivación que te lleve al cambio. A una vida mejor, más saludable ahora y en el futuro.

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