PEDRO ROBLEDO

Blog personal

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the center cannot hold;
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
There ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

(The Second Coming, by William Butler Yeats. 1920.)

EL SEGUNDO ADVENIMIENTO

Vuelta tras vuelta en la espiral creciente,
el halcón ya no puede oír al halconero;
se desmoronan las cosas; no se mantiene el canto;
la anarquía campa pura por el mundo,
se desata la turbia marea de sangre, y doquiera
se anega la ceremonia de la inocencia;
los mejores están ayunos de convicción, mientras que los peores
están ahítos de intensidad apasionada.

Sin duda es inminente alguna revelación;
sin duda es inminente el Segundo Advenimiento.
¡El Segundo Advenimiento! Apenas enunciarlo,
una imagen vasta nacida del Spiritus Mundi
nubla mi vista: en algún lugar, en las arenas del desierto,
una figura con forma de león y cabeza de hombre,
una mirada, blanca y despiadada como el sol,
mueve sus muslos lentos mientras alrededor
se mecen las sombras de indignadas aves del desierto.
De nuevo cae la oscuridad; más ahora sé
que veinte siglos de sueño pétreo
fueron vejados hasta la pesadilla por el balanceo de una cuna,
¿y qué bestia ruda, llegada su hora al fin,
camina a rastras para nacer en Belén?

(El Segundo Advenimiento, de William Butler Yeats. 1920.)

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