Por qué voy a autopublicar mi próximo libro

Hace unos años tuve la inmensa suerte de poder publicar mi primer libro en un sello de Planeta gracias a Roger Domingo y su excelente equipo. Fue toda una experiencia poder ver mi libro en un lineal de Fnac con un acabado perfecto. Un sueño cumplido del que estoy muy agradecido.

Pero ahora tengo un nuevo libro y el cuerpo me pide hacer algo diferente. Quiero publicarlo yo mismo sin ayuda de una editorial. Me apetece tener una experiencia distinta en el proceso de edición, publicación y promoción. Quiero tener más control, más responsabilidad, y poder hacer todo esto de forma compartida con amigos.

He leído mucho estos últimos meses sobre el debate sobre si es mejor recurrir a una editorial o a la autopublicación. De hecho, se parece más a una guerra abierta entre estos dos mundos, en el que si defiendes uno de ellos, tienes que atacar al otro. Muy español.

Muchos escritores partidarios de la autopublicación defienden la idea de que las editoriales son totalmente prescindibles, que no aportan gran valor al autor, que se quedan con la mayor parte de los ingresos, que autopublicar hoy en día es tremendamente sencillo y prácticamente gratis.

Los editores, por su parte, defienden el valor que aportan tanto al autor como al lector, ya que se ocupan de todos los procesos para que un borrador se convierta en un producto de calidad distribuidos en miles de puntos de venta y se venda.
Mi posición es que son dos mundos muy distintos, que van a convivir perfectamente, y que ninguno conseguirá imponerse a otro. Es decir, que no hay un método mejor que otro y ambos tienen sus claroscuros.

Recurrir a una editorial es perfecto para el escritor que sólo quiere dedicarse a escribir, olvidándose del resto. La lógica dice que si uno es bueno escribiendo, debe de mantener su foco en esa tarea y externalizar el resto en manos profesionales. Además, tiene una ventaja añadida y es que uno se asegura que el producto final va a tener unos mínimos básicos de calidad, tanto en el contenido como en el continente, independientemente de su éxito comercial. A esto hay que añadirle la distribución y la promoción, que también correrá a cargo de la editorial (con el lógico compromiso del autor).

Si uno quiere recurrir a la autopublicación, tiene que ser muy consciente de los argumentos falaces de muchos de sus defensores.

En primer lugar, no es cierto que autopublicar sea algo sencillo. De hecho, lo más sencillo de todo es escribir el libro. Lo duro, complicado, y costoso viene a partir de ahí. Hay que tener conocimientos básicos de todos los procesos relacionados con la revisión del borrador, el diseño, la maquetación, la distribución, y la promoción. Sólo aprender cómo funciona Amazon ya requiere un tiempo considerable, y conlleva múltiples decisiones críticas: prelanzamiento, precio, promociones, formato… y Amazon es sólo una de las múltiples plataformas de venta. Queda Bubok, La Casa del Libro, Lektu, Fnac…

En segundo lugar, no es cierto que autopublicar sea gratis. Si no eres un profesional (con todas las letras) en el mundo del diseño, la maquetación y la corrección ortográfica y de estilo, vas a tener que contratar a quienes tengan esos conocimientos. Y para eso necesitas tener unos conocimientos básicos en esas áreas y evidentemente, un presupuesto para pagarles.

En tercer lugar, no es cierto que una editorial no aporte visibilidad a los autores poco relevantes. Si uno quiere saber lo que es de verdad poca visibilidad, sólo tiene que intentar autopublicar su obra para que al instante se pierda entre las otras decenas de miles de sin respaldo editorial. Por cierto, muchas de ellas son una auténtica basura (tanto en el fondo como en la forma) que no debería de haberse publicado jamás.

En cuarto lugar, no es cierto que un libro autopublicado sea igual que uno publicado por una editorial. Un libro autoeditado es considerado de partida un libro “de segunda división”. Será el tiempo, la crítica, y los lectores los que “homologuen” la obra como un libro “serio, o de primera división” si así tiene que ser, pero en la mayoría de los casos esto nunca llega a suceder.

Por último, no es cierto que con la autopublicación se gane más dinero que con una editorial. Los márgenes en la autopublicación pueden ser en el mejor de los casos de un 70%, e incluso del 100%. Este dato siempre sale a relucir para situar a las editoras como vampiros que chupan la sangre del autor. Pero lo que no te cuentan es que aunque publiques tu obra en pedido bajo demanda y no asumas el riesgo de hacer una tirada física de ejemplares, te toca a hacer frente a todos los procesos antes mencionados para conseguir transformar un borrador en un producto profesional. Eso va contra tu margen. Y los precios pueden llegar a estar mucho más ajustados que en el circuito tradicional. Un precio muy común para los ebooks es 2,99 €. A ese precio por cada libro vendido en Amazon ganarías poco más de 1 €. Si uno echa cuentas, es posible que la autopublicación acabe costando dinero en cuanto se quiera ofrecer un producto de calidad mínima.

A mí me apetece ahora recurrir a la autopublicación, pero no por rechazo al modelo clásico. Soy muy consciente de la necesidad de que existan grandes, medianas y pequeñas editoriales, que contribuyen de un modo a veces muy poco reconocido (y siempre arriesgado) a la cultura.

Como comentaba al principio, lo hago porque me apetece disfrutar de una experiencia diferente (no mejor), mucho más costosa en dinero pero también en tiempo. Y además quiero ir contándola. Para ello he creado esta página en Facebook, en la que iré comentando el día a día de todo el proceso.

Allí os espero.

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